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Ésta es la portada del periódico (que-me-da-de-comer) dedicada a la muerte de cuatro niños en un polideportivo de Sant Boi de Llobregat. Nos pareció suficientemente dramática como para reflejar lo tremendo del suceso, y lo suficientemente sobria como para no traspasar el límite de lo aceptable. Ya he escrito por aquí que no soy muy partidario de publicar fotos con mucha sangre.
El caso es que muchos lectores se han puesto en contacto con Público para protestar. La foto, dicen, traspasa ese límite.
No sé.
Vale, todos estamos un poco hasta las narices de esta sobredosis de Obama a la que estamos sometidos desde que hace dos años se iniciara su campaña. El caso es que el asunto de la presidencia americana da para muchas portadas, como ya está demostrado. Por ejemplo, estas cuatro: así han visto el fin de la Administración Bush y el principio de la Administración Obama los dos diarios con más vocación de viewspaper de la península.
El día 20, con el mismo concepto editorial pero una realización sumamente dispar.


El día 21, El Periódico eligió la foto más sensata, y coincidió con el resto de los diarios de tirada nacional. En Público elegimos un recorte de la agencia AFP, y decidimos ir por una vía diferente.


Tampoco tan original, todo hay que decirlo: Deia cogió una foto de FP y se marcó una portada casi igualita…

[Más, como siempre, y sobre este tema, en PaperPapers y Cuatrotipos]
El diario El Mundo estrena concepto gráfico. Para celebrar la diseñística ocasión, aquí van cuatro portadas –como cuatro soles– que corresponden a sus anteriores maquetas.
El Mundo, número 1, 23 de octubre de 1989

El Mundo, número 3.243, 8 de octubre de 1998

El Mundo, número 3.244, 9 de octubre de 1998. Este fue su primer gran rediseño; hasta decicieron prescindir de la Rockwell en la cabecera.

El Mundo, número 6.963, 10 de enero de 2009

[Gracias, Gonzalo, por hurgar en tus desvanes para encontrar el número 1]
The New York Times ha publicado, por primera vez en muchos años, publicidad en su primera página. No es que la cosa tenga mayor importancia, porque lo de la publi en primera es algo de lo más corriene. Pero, claro, como TNYT es TNYT, todo el mundo está comentando la noticia, haciendo aspavientos. [Según El Mundo, según El País, según La Vanguardia]
La publicidad en la primera es un asunto curioso que parece haber realizado un viaje de ida y vuelta. A principios de siglo, campaba a sus anchas en las primeras páginas de los periódicos, y uno de los ejemplos más recurrentes sobre cómo han evolucionado la prensa es el momento en el que The Times dejó de cubrir su portada con anuncios por palabras, allá por 1966. En aras de, no sé, ¿pureza informativa?, el espacio en portada destinado a publi había ido reduciéndose paulatinamente hasta casi desaparecer. En los últimos años, sin embargo, ha repuntado. Discretamente en los medios más puristas como The Wall Street Journal. A lo grande en el resto. Todavía tiemblo al pensar en aquella campaña de Acciona que cubrió de gloria publicitaria todas las cabeceras nacionales españolas.
Total: como diseñador, creo que la publicidad en la primera página es un coñazo inmenso. Como poco, perturba la coherencia del diseño. Pero sé que los anuncios son tan importantes en un medio como los contenidos. Y se da la circunstancia de que la publi en portada es cara y alimenticia,. No está el mercado como para que los periódicos desprecien unos dinerillos extra.
En fin, como tituló la noticia ABC, “Todos los anuncios que merecen ser impresos“.
Planeta Humano (1998-2001) era una revista a la que fui adicto hasta su desaparición. Una publicación rara y finisecular, especie de National Geographic de buen rollo, cuya intrahistoria desconozco pero que siempre sorprendía con fotos estupendas, algunos reportajes fuera de lo común y un diseño que basculaba entre lo genial y lo chapucero.
También sorprendía cada pocos meses modificando su cabecera, lo que no hacía fácil localizarla en el quiosco. Una indefinición que no sé hasta qué punto contribuyó a que despareciera después de unas cuarenta entregas. Hacia el final, Planeta Humano se encarnó en una “segunda época” diseñada por Ricardo Feriche. Sus páginas eran más profesionales, pero perdió encanto…
Aquí, el número 1.

Primer cambio: el número 2.

Marcha atrás en el número 7.

Relieve en el número 14.

Más relieve en el 20, y un nuevo marco lleno de contenido.

¡Sorpresa! (fin de la verticalidad en el número 22).

Y fin del fin de la verticalidad en el número 23.

Vuelve el relieve en el número 36 (febrero de 2001).

Y nacimiento de la segunda época en abril de ese año. Pocos meses después, la revista pasaba a mejor vida.


Ayer, a la hora del cierre en el periódico-que-etc., teníamos pocas fotos de los atentados en Bombay, o Mumbai, o como se diga. Como siempre, estaba bastante claro cuál era la elección buena de entre todo el material recibido. Casi siempre hay una foto buena (a lo sumo, dos), y casi siempre coincidimos con ella muchos periódicos. Es una historia habitual.
Mi tema de hoy es otro. La agencia Reuters nos proporcionó una foto de la estación de Bombay que tenía un enorme charco de sangre (¿y carne?) en primer plano. A la hora de ponerla en página, decidimos encuadrar la imagen para ocultarlo. A mí me parecía innecesariamente morboso resaltar el detalle en una escena que ya resultaba suficientemente impactante. Además, por la propia estructura de la imagen, el charco quitaba protagonismo a lo que me parecía que tenía que ser el centro de impacto visual de la imagen: las dos figuras de espaldas.
Ahora bien, esta mañana me he encontrado con que el resto de los periódicos usan la foto tal cual, con su sangre y sus vísceras. Y ahora no tengo claro si prescindir del charco fue un detalle de buen gusto, de respeto por el lector y las víctimas o, por el contrario, una actitud periodísticamente timorata. No consigo decidirme entre las dos opciones teóricas: “Abusar de las fotos sangrientas acaba por insensibilizarnos ante la violencia” o “Recortar las fotos para evitar impactos desagradables es, simplemente, hurtar al lector una información real y necestaria”.




Nos gustó tanto aquella portada de Chicago Sun-Times que, en fin, compramos la foto…
Pero no es un plagio; es un homenaje.
