Diseñar es solucionar problemas. Un diseño es bueno si encuentra la solución más eficiente a los problemas planteados; un rediseño triunfa si, en el proceso, no rompe más cosas de las que arregla.

Desde ese punto de vista, el nuevo The Guardian es un éxito.

Todo esto viene a cuento porque el recién estrenado diseño de The Guardian es, en origen, la solución gráfica a un problema financiero: el periódico acumula años de enormes pérdidas, y reducir el formato de berlinés a tabloide (más la externalización de la imprenta) va a suponer un ahorro anual de millones de libras que podría asegurar la supervivencia de la empresa.

Y esa primera decisión de diseño, reducir para ahorrar, es el origen de un serie de problemas añadidos, de oportunidades sobrevenidas, de cambios diseñísticos inesperados.

Solo un poco de contexto previo: The Guardian es desde hace décadas un diario muy consciente de su personalidad gráfica. Los diseños de David Hillman (1988) y Mark Porter (2005), resultaron revolucionarios cada uno en su momento, y dotaron al periódico de una identidad y un modo de hacer únicos que no se diluyeron ni aun cuando, por pioneros, fueron imitados por todo el mundo. Con esos antecedentes, es lógica la expectación despertada por este nuevo Guardian Cosecha de 2018.

Centrémonos. Hay dos saltos muy evidentes. Una nueva cabecera en dos pisos que abandona el azul por el negro. Es un cambio trascendental, porque de un plumazo se carga toda la identidad gráfica (y hasta emocional) de la empresa.

¿Soluciona un problema? Creo que sí: no tengo claro que la antigua cabecera en negativo, majestuosa en su amplio palacio berlinés, funcionara constreñida en un pequeño pisito tabloide. Y la g minúscula como icono principal tampoco terminaba de cuajar. ¿Lo soluciona de forma óptima? Los dos pisos crean un espacio muy interesante para jugar con titulares secundarios, siluetas y llamadas… El director creativo del invento, Alex Breuer, destaca por la deconstrucción de sus portadas cuando la ocasión lo merece, así que tengo fe.

El segundo: una nueva letra que NO ES EGIPCIA. La tipografía que ha dominado el diario desde 2005 desaparece para dar paso a un nuevo tipo, Guardian Headline: comparte estructura con la anterior pero estiliza el contraste y los ángulos. Es nueva… pero de alguna manera familiar. No me esperaba el cambio porque Guardian Egypcian seguía resultando moderna, legible, fenomenal… Y, sin embargo, es una decisión que soluciona un problema: el formato más reducido requiere titulares de cuerpo más reducido en los que Guardian Egyptian no resultaba tan fenomenal.

Cosas: el nuevo diario es más pequeño (como ha quedado claro) pero más largo, y se divide en tres cuadernos diarios: News, Journal / Opinión y G2. Es todo bastante lógico, porque la opinión y el análisis tienen ahora un peso fundamental, y G2 (reportajes y cultura) era una seña de identidad importante. Sobre el color: en la nueva paleta, el azul oscuro pierde su papel principal en beneficio de un rojo energético y serio; hay pequeños toques de amarillo en la parte informativa, tramas suaves en opinión y un despliegue un poco excesivo de alegría y brillo en Deportes y G2. También en la web el color se ha contenido un poco.

Aparecen nuevos recursos gráficos (un cuádruple filete omnipresente le da coherencia al conjunto; nuevas burbujas para las citas y destacados, firmas con más presencia, capitulares para identificar los géneros periodísticos…) pero se mantiene una norma arquitectónica fundamental: los titulares “cuelgan” y tienen aire por debajo. Mantener ese rasgo ayuda a que, a pesar de todos los cambios de diseño y formato, el aspecto general del diario resulte familiar, más evolucionado que revolucionado.

Un aspecto que me atrae es que muchas de las dobles páginas se construyen con la libertad y la energía de las revistas: es la ventaja del formato reducido en la que un único tema puede ocupar toda la superficie de papel. No creo que haya otro diario en el mundo con la capacidad de diseñar a la vez tan libre y tan finamente; esa habilidad quedaba a veces diluida en el lienzo más amplio del formato berlinés.

Dicho lo anterior, lo cierto es que hay en otras páginas un ocasional exceso de diseño. El talento en el equipo gráfico The Guardian es evidente, y hay momentos en los que pareciera que se dejan llevar por el entusiasmo. Las páginas (sobre todo en G2 y Deportes) desbordan recursos, colores, flechas, filetes, tramas. Echo de menos algo de contención.

Por otro lado, me decepciona que  algunos de los aspectos del diseño me suenan a “ya visto”. Por ejemplo: la apuesta por la tipografía egipcia supuso en su día un salto de originalidad genuino; creó tendencia. Los remates triangulares de Guardian Headline no son novedad, y siguen una moda ya vista en los últimos tiempos. El conjunto del diario tiene una energía brutal y está diseñado con maestría, pero no provoca la sensación inmediata de estar delante de un periódico diferente a los demás. Ese punto, que ya tenía ganado, tendrá que recuperarlo con el tiempo.

Con esas dos (importantes) salvedades, el nuevo The Guardian es un ejercicio de diseño admirable que augura tardes gráficas de gloria. Triunfa en tanto que “había un problema y lo hemos solucionado”: no es fácil cambiar el formato de un diario, y hacerlo con elegancia y amplitud de recursos, y sin dejar toda la personalidad de la cabecera en el intento. Me provoca admiración (y un poquito de envidia).

Volviendo al primer párrafo: un rediseño tiene éxito en tanto que no rompe más de lo que arregla. Así ha sido.

[Las imágenes están tomadas de la cuenta de Instagram de Chris Clarke, Deputy Creative Director de The Guardian. Importante: no he visto el diario en papel, solo en pantalla a través de PressReader. Eso que me pierdo.]