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Les resumo: Papel, la nueva revista dominical del diario El Mundo, es un magnífico suplemento de fin de semana.

Presenta sus temas con un agradable tono directo que habla al lector de tú a tú, y los lanza con unos titulares impactantes e irresistibles (“El político más influyente del que nunca has oído hablar”, “Bill Gates quiere salvar el mundo con el condón perfecto”). Cuenta además con columnistas de relumbrón, temas llamativos y… ejem, una apuesta tan, tan, tan consciente y decidida por ser original que me ha resultado bastante irritante. Pero de eso, luego.

Para explicar cómo he visto su diseño, lo mejor es contrastar. Si El País Semanal apuesta por la contención y la clase, en una búsqueda (a veces aburridísima) por el espectáculo gráfico elegante, Papel se deriva más hacia la pirotecnia, una fiesta diseñil un poco más colorida y desenfadada que me recuerda a lo mejor del antiguo Magazine. Esto último es bastante lógico, porque el equipo de diseño viene a ser el mismo: al cargo están María González y Rodrigo Sánchez, directores de arte de la revista y de todo el periódico; gente brillante.

“No es bonita, es inteligente”, decía sobre el diseño de la revista Mr. Sánchez. Y supongo que tiene razón en el sentido de que las páginas de este nuevo suplemento me resultan más prácticas que hermosas, más propias de un Manual de Instrucciones que de un elegantérrimo coffee table book. Los colores, la disposición de la tipografía (cómo me gusta Stymie, y cuánto me recuerda a The New York Times) y hasta las cabeceras de las portadillas de sección apuestan más por una energía accesible e inmediata que por el refinamiento. Como si les faltara un pulido, vaya.

Esto es, por supuesto, un poco engañoso: el diseño de Papel está repleto de pequeños detalles gráficos muy trabajados.

Por elegir, me quedo con algunas dobles páginas llenas de energía. Toda la entrevista de Iker Casillas es un ejemplo de diseño: respeta el texto pero no es una masa de letras, y arranca en dos tiempos de forma espectacular. El sumario llama la atención (aunque no he terminado de pillar la referencia a la cafetera express), la Entrevista Deconstruida se lee sola (muy en la línea de Bloomberg Businessweek), la edición gráfica y las ilustraciones son a menudo sobresalientes… Todo bien.

Pero volvamos a lo anterior. Después de hojear la revista (en el iPad, por aquello de la distancia transoceánica, así que me he perdido la sensación agradable de hojear Papel en papel), lo que menos me ha gustado es lo que imagino que viene a ser el principal valor de la marca: el empeño tozudo por la originalidad, por gritar constantemente “somos-súper-diferentes”. A mí me parece fenomenal la apuesta por renovar el género dominical, pero algunas de las decisiones editoriales (como los nombres de las tres secciones que vertebran la revista, “Mañana”, “Siempre” y “Ahora”, o el mismo sumario/cafetera) me parecen más pose que sustancia. El mismo nombre del suplemento está a medio camino entre la genialidad y la extravagancia. Y también he acabado un poco fatigado de todos los añadidos autoreferenciales que salpican la revista, un humor de redacción que no sé hasta qué punto interesa a los lectores no periodistas.

A pesar de lo cual, insisto, Papel es un magnífico suplemento semanal. Y si no lo es, lo acabará siendo.