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En 1976, en plena transición, el rey de España “filtró” a la revista Newsweek unas declaraciones despectivas sobre su presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, que acabaron provocando la dimisión de éste. Don Juan Carlos se sirvió de la que entonces era una publicación de prestigio para “empujar” a su presidente (y propiciar un cambio a la democracia). Valga como muestra de la gloria pasada de la revista.

Después de un declinar de muchos años [que ya quintatinteé aquí], por fin llegaba a los quioscos la nueva encarnación impresa de Newsweek. Y tengo sensaciones contrapuestas.

Entre los hallazgos: los editores han apostado por una revista de calidad (papel bueno, portada gruesa, lomo en lugar de grapa) y un diseño elegante. A los mandos gráficos están Priest + Grace, un estudio de campanillas, que ha llenado las páginas de pequeños detalles de buen diseño, filetes, iconos, tipografía trabajada…

El resultado, sin embargo, se queda corto: los recursos de maqueta están fantásticamente construidos, pero se repiten los mismos esquemas a lo largo de toda la publicación. Da la sensación de que es un proyecto diseñado sin demasiado tiempo o presupuesto. La sección final (una cita tomada del reportaje principal, construida con letras grandotas) resulta espectacular, pero no oculta que, en realidad, no hay un contenido nuevo y original para cerrar.

Y otra: tengo últimamente la obsesión de que las revistas tienen que dar la sensación al lector de “teníamos mucho más que contar, pero no nos cabe; esto es lo mejor de lo mejor de lo mejor”. Que no hay temas hinchados, espacios blancos innecesarios. The New Yorker o The Economist son fantásticos en ese aspecto: no tienen sitio para nada más, y da la sensación de que cada euro que has pagado por ellas está justificado.

Con el nuevo Newsweek –y, no crean, he leído algunos temas y no están mal– me da la sensación de que en realidad bien pudieran haber metido lo mismo en muchas menos páginas. Que no vale su peso en euros.

Unos detalles: