En este mundo editorial acelerado en el que nos ha tocado vivir, los medios impresos se esfuerzan por potenciar sus versiones interneteras al grito de “el papel se muere”, y los medios nacidos en la web se lanzan en tromba a publicar nuevas versiones en tinta y papel de sus contenidos pensando aquello bonito de “el papel tiene su punto”.

Es una situación irónica, ciertamente. Al final, tratar de pronosticar con plazos afinados el futuro del mundo impreso resulta poco menos que imposible. No tenemos perspectiva ni serenidad. Hay tantas opiniones, datos y tendencias contradictorias que predecir qué pasará con la prensa hecha con árboles muertos –una expresión lúgubre y acertada– se acerca más a la astrología que a la ciencia. Como elegir con antelación de meses entre “hará sol” o “habrá lluvia” en una ciudad cualquiera.

Yo tengo mis teorías, claro, que para opinar todos somos libres: el papel morirá, pero no del todo; la prensa impresa vivirá, pero puede que no los diarios. Y para todo ello faltan unos cuantos años.

También tengo mis preferencias: me gusta hojear revistas en papel, pero paso más tiempo frente a la pantalla. Y me flipan las revistas en tableta, pero me gustan más cuánto más se parecen a su versión impresa. Maniático que soy.

En fin, a lo que íbamos: webs que se pasan al papel en plan “publicación premium” para afines y para dar prestigio y presencia de marca. La revista digital de “cultura contemporánea” Jot Down ha trasladado parte de sus contenidos a una tremenda revista de papel, e incluso reunió los de otras cuatro webs en el spin-off Five. El diario web infoLibre tiene en tintaLibre una versión mensual y papelera. It’s Nice That, una diseñística web inglesa, ha lanzado hace poco Printed Pages

La última incorporación a este mundo impreso ha sido Cuadernos de eldiario.es. Lo mejor de su diseño: un uso intenso y extenso de las ilustraciones que le da una personalidad muy interesante a la revista. También que tiene un montón de pequeños detalles de diseño. Salvedad: en ocasiones, tienen tanto protagonismo que se meriendan un poco el contenido.

Un aspecto estructural que me ha llamado la atención (y que me parece fallido): las páginas de Cuadernos están llenas de blancos, todo muy esponjado y suelto. La sensación que me da no es de alivio, sino de que sobra espacio o falta contenido. Es sólo una teoría personal, pero creo que este tipo de revistas premium en plan “tratamos el tema a fondo” – en este caso, el fin de la España de la Transición– deberían causar la misma impresión que uno recibe cuando hojea The New Yorker: que la redacción tiene tanto que decir, y todo tan importante, que cada centímetro cuadrado de papel vale su peso en oro. Y no.

Aquí van unos detalles.