Hace justo dos años, Mark Porter rediseñó Courrier Internacional, un digesto semanal muy popular en Francia. Su propuesta [aquí hay imágenes] era modular, limpia, equilibrada. Un diseño marcado por una rejilla muy estructurada y cuya única extravagancia era el uso de la tipografía Omnes. Les confieso que me gustaba, porque era una maqueta con la que resultaba difícil presentar una mala página. Una virtud/trampa: también era difícil construir maquetas sorprendentes.

En estas llega la nueva fórmula gráfica presentada por Courrier esta semana, salida de la fábrica de Errea Comunicación. Es un diseño que se explica muy bien repasando sus tipografías. Apunten: Pitch para el logo y las cabeceras; Platform para los titulares, pero también Poplar, y NyteFreight para el texto, HFJ Numbers, National… Yo suelo pontificar en clase que un buen diseño es aquel que no necesita más de tres tipografías para construir una identidad. Courrier usa, como mínimo, siete. Ejem…

Hace años, escuché a un marionetista de los Teleñecos explicar que una diferencia entre los actores y las marionetas es que los primeros tienen que saber cuando apartarse del plano discretamente para no quitar foco al protagonista, mientras que las segundas están obligadas a luchar permanente por captar la atención del espectador, incluso aunque tengan un papel completamente accesorio en una escena.

Y algo así me pasa con las tipografías del nuevo Courrier: todas tienen una personalidad arrolladora, y compiten alegremente por captar el foco de la página, la atención del lector. ¿El resultado? Pues una maqueta que huye del aspecto pulido y minimal, y que está llena de detalles ciudados y sorpresas gráficas. Algo así como ejercer el diseñó gráfico manteniendo a la vez la seriedad y el sentido de la ironía.

Puestos a preguntar, le he pedido a Javier Errea –del gremio Diseñadores con Talento– que me cuente un poco sobre la filosofía del diseño. Él lo explica mejor que yo.

“Es una ensalada tipográfica, lo sé. Le hemos dado muchas vueltas y, al final, nos inclinamos por la exuberancia. Hemos querido hacer algo tirando a barroco, imperfecto, lo contrario del modelo anterior, el de Porter, que era tan perfecto y comedido. Veíamos Courrier como una revista llena de vida, de historias… Y toda esa vida, con sus dudas, la hemos pretendido trasladar a la propuesta tipográfica. Y no sólo a la tipografía, también a la iconografía, al uso de recursos… No sé, darle un cierto aire de fanzine: serio, pero joven, fresco, con evidentes contradicciones. Y así la revista resulta flexible, variada, menos racional, más sorprendente. Más libertad, y más riesgo, claro”.

Por supuesto que el nuevo diseño tiene algo más que tipografía: colores cálidos para cada sección –del amarillo al magenta, naranja, rojo y berenjena–; tramas elegantes para subrayar textos y apoyos; un montón de iconos y etiquetas, una estructura de columnas híper flexible… Soy fan, particularmente, de la cabecera medio mecanográfica en la deliciosamente retro Pitch. Y del iconito del planeta lleno de dardos.

En fin: que me gusta. Aquí les dejo unos cuantos detalles, para su regusto y contentamiento.