David Carson reventó el diseño de los años noventa con la revista Ray Gun, un festín de diseños rotos y textos descoyuntados e ilegibles. Tiene, por derecho, un lugar en la historia de lo gráfico. Desde entonces, se podría decir sin exagerar demasiado que su papel de gurú diseñístico le ha permitido vivir montado en el éxito, incluidas las conferencias pagadas a precio de oro y una actitud de divo caprichoso en plan así-acreciento-mi-mito.

El “toque Carson” siempre me ha fascinado, quizá porque soy tan ordenadito que me cuesta horrores saltarme una retícula. Envidio su descaro, su capacidad para revolver los elementos de una página (y que quede bien), o su talento para transformar una foto a base de recortarla. Por todo eso, llevaba unos meses esperando con curiosidad el lanzamiento de Carson, una publicación de temática inconcreta (pero cultural) con la que el gurú ha vuelto al mercado editorial. Bautizada a su mayor gloria, había generado muchas expectativas interneteras y diseñiles.

Carson, la revista, es un homenaje a sí mismo de Carson, el diseñador, que presenta su estilo de siempre sin mayor novedad. ¿Problemas? Bueno, la mayor parte de las transgresiones gráficas “carsonianas” funcionan en la medida en que sorprenden. Y la repetición de la fórmula fulmina la sorpresa. Mr. Carson es un diseñador genial cuando quiere, cierto, y en la revista hay muchos detalles gráficos de nivel, algunas páginas muy afinadas. Pero también otras muchas que no parecen tanto ejercicios de ruptura como diseños a medio cocinar, o estructuras demasiado vistas, o que circulan sin nada que ver con el contenido.

El contenido: ah, no creo que nadie haya comprado Carson por sus reportajes. El diseño de una revista, en la medida en que es una forma de periodismo, no puede ser tan sólo un ejercicio de estilo; también es sustancia y coherencia. El de Carson (la revista) va por libre, cuando no directamente en contra de los textos. Hace años, oscurecer la legibilidad de un texto a base de diseños intrincados podía considerarse una forma de protesta, o una ingeniosidad transgresora. Ahora mismo resulta ser sólo un incordio.

En fin. Que lo de Carson salió al quiosco hace unas semanas y este post llega algo tarde. Más vale eso, que nunca. Unos detalles:

[Dos críticas demoledoras por Jeremy Leslie y por Andrew Losowsky]