Me encontré con Buffalo Magazine repasando un quiosco en la calle Barquillo, en Madrid. Estaba ahí, mirándome, con su aspecto grandote de periódico, su logo pintado y su funda de plástico. Una cosa inesperada, la verdad: el ejemplar número 337 de una edición limitada de 3.000.

Ese 337 ha resultado ser una de las propuestas gráficas que más me ha sorprendido en los últimos tiempos.

Las revistas independientes están viviendo un estupendo florecer estos años. Editores aventureros pasan al papel sus obsesiones, su talento; compensan con entusiasmo de fanzinero venido a más la desoladora carencia de ideas nuevas de lo que viene siendo el mercado mainstream. Y lo hacen con productos de una calidad notable que, salvo en presupuesto, están muy a la altura.

De momento, en el quiosco hispano alternativo triunfan las tendencias, la música y la moda. Pero acabarán por llegar títulos similares a aquellos sobre bicicletas, fútbol o gastronomía que imponen su originalidad allende los mares.

En fin: Buffalo, es una criatura bianual. Como muchas revistas de su especie, es un catálogo organizado de los numerosos gustos, filias y descubrimientos de sus creadores: música, literatura, moda, arte… Hay temas de interés (por lo menos para mí, aunque no se puede decir que sea yo un rey de las tendencias), sesiones de fotos sorprendentes y magnéticas, sorpresas… En fin, cero aburrimiento. Ah, los textos van alternando entre el inglés, el francés, el castellano, el gallego…

Y el diseño. Ahí, brilla. Las revistas independientes tienen muchas veces un aroma gráfico que se repite: textos en sobrio blanco y negro, tipografías levemente retro, fotos con un aire muy casual, cero estructura de secciones… Buffalo comparte algunas de esas claves, pero las emplea de manera brillante. Digamos que Buffalo es una revista dentro de otra revista, como se puede ver, y el artificio resulta brillante sin agobiar. La venerable ITC Barcelona y la estructura de columnas, corondeles y demás son clásicos sin aburrir. Y las sesiones de foto y moda, o los grandes carteles, se alternan con la “revista” para evitar la monotonía, pero sin quitar coherencia al conjunto. También tiene momentos de diseño punkarra, a veces.

En fin, que me ha gustado. Concepto visual y dirección de arte son de Adrián González y David G. Uzquiza.

Aquí va una pequeña entrevista con Adrián González (editor y director creativo de la cosa), realizada hace unos días vía correo electrónico.

01. ¿Cuándo surge la idea de editar Buffalo? ¿Cuánto tiempo os ha supuesto desarrollar el proyecto?
¡En realidad surge en 2007! Se me ocurrió hacer un zine entre amigos y para amigos. Siempre me han encantado las revistas “de moda”, pero me sentía un poco desmotivado con el panorama en aquel momento, así que surgió la idea de hacer una revista “de moda” que llenase el hueco que nos faltaba. Queríamos imprimir muy pocas copias y hacerlo muy casero, como para regalarnoslo en Navidad o algo así.

Cuando uno se pone a hacer algo que le gusta tanto, lo quiere hacer tan bien que el proyecto fue creciendo hasta convertirse en lo que es: una revista exclusiva pero con una tirada importante para un proyecto así, y distribución internacional. En realidad, lo que quería hacer era una revista de estilo que hablase de la forma a través del contenido, no de la forma por la forma. Eso es lo que quiere ser Buffalo. Hablar de gente con estilo personal y autenticidad, desde un punto de vista un poco poético y profundo pero también muy lúdico y un poco punk. La pretensión es que sea lo menos frívola y todo lo libre posible.

02. ¿Cuánta gente se ha visto envuelta en el proyecto?
El primer número lo he hecho con la ayuda de varios amigos. Unos se han implicado en ciertas cosas y en ciertos momentos; otros, en casi todos. Ahora, de cara al segundo numero, la situación ha evolucionado. La parte del equipo más cercana e importante, que está en el proyecto desde el principio, son David G. Uzquiza e Iria Domínguez. Y luego, por supuesto, hemos contado con la colaboración desinteresada de mucha gente en lo que a contenidos se refiere.

03. Por un lado, Buffalo está impresa en papel de periódico, con la carga implícita de producto perecedero que tiene ese material; por otro, la edición es limitada y numerada, lo que da el mensaje “consérvame, que soy valioso”.
Cuando empezaba a pensar en la revista también comenzaba en paralelo un debate sobre la continuidad del formato físico en prensa. Por mi parte, tengo claro que las revistas de consumo masivo y corta periodicidad están condenadas a desparecer en manos de los nuevos soportes  (iPads, iPhones, etc…)  Sin embargo, creo que el futuro de la materialidad está en el lujo. En cosas artesanas y especiales que nos identifican y que queremos poseer. Por eso, en realidad, Buffalo no quiere ser una revista, sino un objeto.

La idea es que cada número sea especial y no esté sujeto a un diseño o formato concreto. No va a estar “encerrada” en una estructura. El primer número es un homenaje al papel; por eso, el diseño hace un efecto como de “revista dentro de revista”. La coloca en una posición de objeto, de fetiche. Nos gustaba también que fuese muy delicada y frágil, y eso lo da el tacto, ligereza y caducidad del papel. Sé que a la gente le resulta chocante, pero me parece perfecto. El hecho de que sea un periódico enfatiza que sea una revista de “forma” a través del “contenido”. Y, encima, es papel reciclado. ¡El segundo número no va a tener nada que ver con todo esto!

04. Buffalo parece un trabajo muy personal: una obra de amor, como dice el editorial. ¿Cómo está respondiendo el público ante una apuesta así?
¡Está respondiendo también con mucho amor!

Pues eso.