Vale, acepto que los tiempos avanzan que es una barbaridad, y que de ahora en unos años –¿cuántos? Ni idea– el olor a papel y tinta va a ser una cosa excepcional, un poco esnob, viejuna. Pero tengo la sensación de que lo impreso, en estos años de ocaso, nos va a dar unas cuantas alegrías.

Así, en los últimos tiempos ha nacido una enorme cantidad de pequeñas aventuras editoriales en forma de revista. Pueden ser iniciativas de lujo y desenfreno o ediciones casi artesanales, pero  todas llegan a sus lectores cargadas de una mezcla de audacia, falta de prejuicios y ganas de estirar los límites de lo impreso.

Y de eso va De Zines: una sala grande llena de ejemplares de revistas. Alrededor de 400 títulos diferentes. Un paraíso de la innovación editorial. Un semillero de ideas originales. Una gozada para todo aquel que sienta una punzada de emoción e intriga cuando abre por primera vez una revista ansioso por descubrir las sorpresas encerradas en su interior.

Como dicen los comisarios, Roberto Vidal y Óscar Martín, en el texto que presenta la muestra, “[las publicaciones editadas en papel] han vuelto con fuerza, quizá como testigos activista de una relación más compleja entre el creador y el lector, llena de matices y posibilidades”.

De Zines forma parte de “Inéditos 2010”, y estará abierta en La Casa Encendida, en Madrid, hasta el 29 de agosto. Muy recomendable. En mi visista hice unas chapuceras (y aleatorias) fotos con el móvil. Aquí va una selección.