Las revistas de información (general o económica) tiene en los últimos tiempos dos opuestas opciones a la hora de establecer sus diseños: el lujo clásico o la funcionalidad. Fortune, como ya hiciera en su día Condé Nast Portfolio, optó hace semanas por lo primero. The Economist, Time y, desde la semana pasada, Businessweek, han optado por lo segundo.

En fin, unos se visten de esmoquin para un cóctel; otros, de traje para ir a la oficina.

Dado que el modelo editorial de The Economist (muchas noticias, textos impecables, ingenio a raudales cuando es necesario y un diseño más-sobrio-imposible) triunfa allá por donde pasa, no es raro que más publicaciones se apunten al carro. Óptima elección, en la opinion de que quien se gasta sus euros (o sus dólares) en una revista de información lo hace por el contenido, no por la floritura.

Lo que no impide, claaaro, que el contenido esté empaquetado de la mejor forma posible.

Businessweek ha presentado un rediseño que nadie pidió, en palabras de su director, pero que resulta informativo y limpio. Yo soy fan de su anterior maqueta (no era el único), pero el nuevo BW presenta una de esas puestas en página ante las que tienes la sensación de que cada recurso tiene una función, y de que cada centímetro de papel está aprovechado. Clásico, pero más bien intermporal; funcional, pero con buen gusto.

Ahora, el departamento de curiosidades para frikis del diseño. El director de arte es Richard Turley, que trabajó en el cuadernillo G2 de The Guardian. La tipografía principal es el revival Haas Grotesk, una nueva versión de la Helvetica que Christian Schwartz inició para el rediseño de The Guardian, que acabó en un cajón en beneficio de la “opción egipcia” y que ha sido terminada (y ampliada) para Businessweek. La tipografía secundaria es Publico, diseñada por el mismo Schwartz para, er, The Guardian, pero que también fue descartada y acabó saliendo a la luz en el lisboeta Público.

El resultado… Bueno, se parece mucho a (¿lo adivinan?) The Guardian. Pero antes del rediseño de 2005, con sus lutos coloridos, su limpieza helvética y toda su jerarquía. Como titulan en Creative Review, “¿Así podría haber sido The Guardian?

Aquí, unas páginas del segundo número post rediseño. Para ver el primero, pasen por el blog de Mark Porter.