Soy daltónico, como bien me encargo de recordar al mundo con demasiada frecuencia. Es un tema que me hace gracia, y no me resisto a sacarlo a relucir a la menor ocasión.

Va momento autobiográfico. Cuando era pequeño, muchos mapas de los libros de historia me dejaban perplejo: se suponía que los diferentes países debían tener diferentes colores según su población, o en qué bando empezaron la II Guerra Mundial, por ejemplo. Yo los veía todos iguales. Y así, para qué os voy a engañar, el valor didáctico del mapa disminuía bastante.

Luego descubrí lo de que era daltónico, y mi tesis infantil de “alguien se ha olvidado de cambiar los colores del mapa” perdió fuerza.

Hoy, lo que sé es que hay muchos daltónicos por el mundo, y que diseñar webs e infografías teniendo en cuenta ese pequeño detalle resulta tan útil como los semáforos que trinan cuando están en verde o las rampas en los pasos de cebra.

No todos los colores son accesibles para todo el mundo, y no todas las combinaciones de colores tienen la misma facilidad de comprensión. Que lo sepan, amigos diseñadores e infografistas.

[Y todo esto viene al caso porque Mr. Valiño me ha pasado el enlace de We are colorblind, una página holandesa dedicada a aportar esquemas cromáticos y trucos para hacer accesibles a los daltónicos diseños y contenidos web]