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Lo confieso: vivo aferrado a la esperanza de que, en un futuro no demasiado lejano, el diseño periodístico peninsular cuente con el reconocimiento de un premio que iguale la dotación económica del Planeta. O que la supere. Por soñar…
Mientras espero esa lluvia de euros, me consuelo magníficamente con los premios ÑH6, Lo Mejor del Diseño Periodístico en España y Portugal.
Es la más alta ocasión diseñística que vieron los siglos, y son los únicos galardones dignos de tal nombre que reconocen el trabajo de los diseñadores de periódicos y revistas en la península ibérica. Es un privilegio, y casi un deber, participar en ellos. Los organiza el capítulo español de la Society of News Design que, por cierto, ha estrenado una nueva web. En ella pueden todos ustedes descargar las bases de participación.
El año pasado formé parte del jurado de estos premios, un honor que me permitió conocer de primera mano a los magníficos diseñadores, profesores y estudiantes que se ocupan de mantener los ÑH a base de ilusión (y sudor). Por eso les animo a participar a todos ustedes. En Público, el diario-que-me-da-de-comer, estamos ya empaquetando nuestro envío…
El suplemento de moda, estilo y viajes de The New York Times se llama T. Es un nombre llamativo y corto, y funciona. Una de sus mejores ideas es la portadilla de lo que ellos llaman “the well” y que en algunas revistas españolas se llama el “tunel”: una serie de páginas llenas de contenido que no se ven interrumpidas por la publicidad.
La portadilla en cuestión es un ejemplo bueno, bueno de lo que se puede conseguir con mucha creatividad y, todo hay que decirlo, con holgados presupuestos: cada número, un artista de-lo-suyo representa la “T” gótica que identifica la revista con un estilo propio y original. La directora creativa del invento ha sido, hasta hace pocos meses, Janet Froelich (aquí, un perfil de hace unos meses),
Para celebrar los cinco años de la publicación, la gente del Times ha colgado en este blog una retrospectiva de las mejores “tes”.
Yo he seleccionado mis preferidas, y aquí van.














Septiembre a las puertas, y las vacaciones kaputt. El otoño es una estación que no termina de decidirse entre resultar bonita o deprimente, pero tiene como ventaja que llega siempre cargada de novedades en plan “vuelvo al colegio y me compro libros y bolis nuevos”.
Vaya, que no podía retrasar más el comienzo del curso Quintatintero.