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Dicen los teóricos de la cosa que uno de los curiosos efectos del asalto internetero al mundo del periodismo de tinta y papel estará en el desencuentro entre la periodicidad de los medios y el tipo de periodismo que estos se verán obligados a publicar. Así, los diarios harán un periodismo de contexto más propio de una revista semanal y los newsmagazines de en siete días harán el despliegue de texto y análisis que uno se esperaría en un mensual.

Está por ver que los diarios puedan hacer ese periodismo semanal, pero a diario.

En la trinidad de las grandes revistas de información norteamericanas, Newsweek ha sido tradicionalmente la segundona. Time lidera el asunto de lejos, de siempre, y hace pocos meses lanzó un elegante (pero limitado) rediseño. US News & World Report… Bueno, ésta se desliza hacia el abismo léntamente convertida en un mensual.

Estas revistas padecen, junto con el descenso de audiencia y ventas propio de estos tiempos turbulentos, el auge de un “nuevo” competidor: The Economist. El venerable periódico (ellos se dicen a sí mismos “newspaper”) inglés edita un periodismo de texto, contexto, análisis y valor añadido que aumenta sus ventas cada semana y, por lo que parece, muestra un camino a seguir.

Fin del prólogo.

Jon Meacham, editor de la revista Newsweek, anunciaba hace unos meses que tenía un astuto plan para revitalizar su cabecera. Nada de noticias, sólo largas piezas reportajeadas y análisis, tomas de partido. “Si no tenemos nada original que decir sobre algo, nos callaremos”, declaraba. El objetivo: un público más reducido, pero más influyente, y más atractivo para los anunciantes. Justo la gente que compra The Economist, por cierto. En cuanto al diseño, la idea era mejorar el papel y hacer algo más limpio, más libre, más lleno de blanco, con un uso de las fotos más “dramático” (por decirlo a la americana)… Más parecido a un mensual.

La apuesta es, en teoría, bastante gallarda y radical. Apostar por “vamos a vender menos, pero mejor” es casi un locura. Supongo que algunas revistas necesitan heroísmos, y las espectativas creadas han sido muchas.

El resultado llegó a los quioscos esta semana. Y, por lo menos en lo que a diseño se refiere, es una gran decepción. En su carta de presentación, Meacham dice que su objetivo es parecerse a las revistas Esquire y Harper’s cuando vivían sus épocas gloriosas. Me tomaré eso como una ironía.

Parece salida del horno antes de tiempo, y hay muchas páginas en esta revista caóticas, deshilachadas. El uso “dramático” de la fotografía tiene más que ver con lo trágico que con lo espectacular, y gran parte de las imágenes se confunden con recortes publicitarios. Tiene cierto mérito que Archer y Farhnarn, dos de las mejores tipografías diseñadas en los últimos años, luzcan feas e inelegantes.

Salvo las cuatro cabeceras de sección (“Scope”, “The Take”, “Features” y “Culture”), que son lo mejor del diseño, las páginas se sumen en desequilibrío diseñil en el que el reportaje/entrevista principal, sobre Obama, tiene dos titulares de igual tamaño que compiten entre sí, como si tartamuderara antes de arrancar.

En general, hay algo barato y antiguo en muchos de los detalles de este diseño. Una pena. Una oportunidad perdida.

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[Más, según nuestro habitual equipo de gurús: Mark Porter, Jeremy Leslie y Samir Husni]