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Ésta es la portada del último número de Muy interesante, una revista que tiene más de dos millones y medio de lectores y que llega a los quioscos de mayo con un rediseño debajo del brazo.

Últimente soy lector tan sólo ocasional de Muy, pero es una cabecera a la que le tengo un cariño especial. Creo que es la primera revista que compré regularmente, años ha, y usé sus fotos y sus textos para documentar muchos trabajos escolares. Tengo todavía un montón de ejemplares de cuando se imprimía en color y blanco y negro guardados en sus fundas rojas de varillas, y recuerdo las cartas de su primer director, Juan Caño, que muchos años después sería mi jefe; salía en la foto fumando en pipa. Luego trabajé en Quo, la competencia, con lo que el vínculo ya fue completo.

El prólogo autobiográfico lo pongo para ¿dulcificar? lo mucho que me ha decepcionado la nueva maqueta de la revista. José Pardina, el director, explica en su blog que los objetivos del rediseño han sido “renovar, simplificar, reordenar, modernizar… para facilitar la lectura y mejorar la percepción general de los contenidos textuales y fotográficos”. Cuenta que las AvantGarde ha sustituido a la Franklin, y la Versailles a la New Aster. También dice que pretenden atraer a un nuevo público pero “sin que nuestros lectores habituales lo noten (o casi)”.

El clásico “rediseña-esto-pero-que-no-se-note-demasiado”.

Así, mantiene muchos de los recursos caducados de la maqueta anterior. Las sombras y los biseles photoshoperos, por ejemplo, tienen un aspecto retro y facilón. Las nuevas tipografías dan a las maquetas un aire diferente, pero no demasiado, y no necesariamente mejor. Las cabeceras de sección buscan una elegancia que choca con otros elementos gráficos.

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La elección de la Avant Garde para la revista me parece particularmente desacertada. Es una tipografía de una elegancia supina, pero necesita diseños tranquilos y muy medidos para funcionar. La maqueta de Muy es siempre cambiante, dinámica, y esta tipografía chirría en semejante barullo porque debería ordenar el caos, pero se diluye en él.

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Mención aparte merece lo de que los titulares jueguen a deformar la Avant Garde para adaptarla horizontalmente al espacio. No es que lo de deformar me parezca inevitablemente una herejía tipográfica (Quo funcionó durante años con la Myriad en escala horizontal 90%, y nadie se dio cuenta). La Avant Garde es redondita, y deformarla da un resultado chungo. En la revista he podido encontrar textos en Avant Garde, Versailles, Helevética, Din (o similar) Comic Sans, Brush Script (o similar)…

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En resumen: la calidad de los contenidos permance intacta, y la estructura gráfica del diseño apenas ha cambiado (una opción respetable, aunque conservadora). Pero los cambios tipográficos me parecen decididamente fallidos. Y lo que me chirría no es que algunos recursos sean “clásicos”. Recurrir a lo “clásico” es bueno, y diferenciaría Muy Interesante de otras revistas de la competencia. El problema es otro: algunas páginas de Muy me recuerdan a un piso de los años sesenta: todavía no es antiguo pero ya resulta viejo.

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[José Pardina tiene una recopilación de portadas históricas de la revista en El rediseño permanente. Espero que no me odie demasiado por esta crítica.]