Publico 20081127

Ayer, a la hora del cierre en el periódico-que-etc., teníamos pocas fotos de los atentados en Bombay, o Mumbai, o como se diga. Como siempre, estaba bastante claro cuál era la elección buena de entre todo el material recibido. Casi siempre hay una foto buena (a lo sumo, dos), y casi siempre coincidimos con ella muchos periódicos. Es una historia habitual.

Mi tema de hoy es otro. La agencia Reuters nos proporcionó una foto de la estación de Bombay que tenía un enorme charco de sangre (¿y carne?) en primer plano. A la hora de ponerla en página, decidimos encuadrar la imagen para ocultarlo. A mí me parecía innecesariamente morboso resaltar el detalle en una escena que ya resultaba suficientemente impactante. Además, por la propia estructura de la imagen, el charco quitaba protagonismo a lo que me parecía que tenía que ser el centro de impacto visual de la imagen: las dos figuras de espaldas.

Ahora bien, esta mañana me he encontrado con que el resto de los periódicos usan la foto tal cual, con su sangre y sus vísceras. Y ahora no tengo claro si prescindir del charco fue un detalle de buen gusto, de respeto por el lector y las víctimas o, por el contrario, una actitud periodísticamente timorata. No consigo decidirme entre las dos opciones teóricas: “Abusar de las fotos sangrientas acaba por insensibilizarnos ante la violencia” o “Recortar las fotos para evitar impactos desagradables es, simplemente, hurtar al lector una información real y necestaria”.

El Pais 20081127

El Periodico 20081127

La Vanguardia 20081127

The Times 20081127