
La edición patria de Vanity Fair está a la venta desde hace un par de semanas: ya puede aparecer en vuestros revisteros de salón y en las peluquerías más selectas.
El músculo editorial demostrado con este número inaugural es impresionante. En un bonito ejemplo de “estos son mis poderes”, el equipo de la revista ha plantificado en en el quiosco más de trescientas páginas con mucho que leer, y mucho que ver. La ristra de nombres propios entrevistados o fotografiados en exclusiva es grande y de nivel: Rafael Nadal, Mario Conde, Javier Solana, César Alierta, el club de los súpercocineros, Almodóvar, Javier Gómez Bermudez, Rania de Jordania… En fin, un nivelón.
[Y han mantenido la sección Fotomatón, una breve entrevista visual que en américa se llama ‘In Character’, y que tiene su mejor referente en el libro “The Frenchman, a Photographic Interview with Fernandel”, de Philippe Halsman, no se lo pierdan]
Lo que me ha gustado, y mucho, es que la revista ha conseguido mantener un tono gráfico clavadito al de su madre estadounidense. La maqueta de VF puede parecer sencilla, clasicota, pero tiene una clase y una elegancia difíciles de igualar, y complicadas de imitar. Las fotos, salvo alguna cagadita supongo más responsabilidad de la impresión, o de la fotómecánica, también están a la altura del reto: Mario Testino, Annie Leibovitz, Norma Jean Roy, Julian Broad, entre los figurones mundiales; Sofía Moro, la que más me ha gustado de nuestro mercado.
Y los textos… Bueno, no me ha parecido toparme con ningún texto casual o descuidado; al contrario, los reportajes alcanzan una calidad literaria que a mí, modestamente, me ha encantado.
Ahora bien, a pesar de todos estos magníficos ingredientes no he podido evitar la sensación de que este Vanity Fair inaugural sería un estupendo número 2, pero tiene fallos rotundos y raros que chafan la impresión inicial.
El primero: la portada. Yo es que soy de la teoría de que sólo una entrevista con Mrs. Letizia (fotografiada por Annie Leibovitz, eso sí) o con Javier Bardem (fotografiado con Penélope Cruz, eso también) hubieran dado el pego en la primera portada de una revista como ésta. Supongo que VF lo habrá intentado, y me imagino que en la Casa Real (que son un poco rancios para estas cosas) se habrán negado. Una pena, porque hay precedentes: una portada exclusiva con el Rey en el primer número de El Figaro Magazine, allá por 1994, sin ir más lejos.

Rania… Bueno, es joven, dinámica, famosa y alteza real. Pero ni fu, ni fa.
El segundo detalle: los reportajes parecen demasiado “de nevera”. Después de dos años preparando monstruos, supongo que la redacción llevaba acumulados demasiados temas magníficos como para tirarlos a la papelera. Lo entiendo, pero algunos de los mejores temas del número están un poco pasados de fecha.
Así, la entrevista a Mario Conde hubiera sido un punto hace unos meses, justo antes de que empezara a prodigarse en todos los medios grandes o pequeños. Las fotos con “Los increíbles 50 españoles que asombran al mundo” no aportan nada que no haya aportado cualquier suplemento semanal con presupuesto. Elena Ochoa, Manolo Blahnik o Serge Gainsbourg son personajes de gran entidad pero podrían aparecer en esta número o dentro de cuatro. No tienen apenas una percha de actualidad que los justifique. Lo dicho, mucha nevera que hubiera estado bien reservar para los muchos meses que vendrán.
Y el tercer detalle, que es el que más me ha llamado la atención, es el aroma a “mundo viejuno” que destila toda la revista. La edad de famosos y celebridades ronda o supera los cincuenta (cuando no están muertos): Blahnik, Conde, Bermúdez, Vargas Llosa, Francis Bacon, Paul Auster, Cindy McCain, Hitchcock, Gainsbourg… No tengo claro a qué target de edad se dirige la revista… O sea, sé que no aspira a conquistar un mercado de quinceañeros pero… ¿No hubiera estado bien rostros de treintaytantos, nombres un poco renovados? También puede ser que, aparte de Rafael Nadal, no los haya en España.
En fin: leer VF me ha despertado sensaciones contrapuestas: me ha encantado leer textos como los de Conde o la señora de McCain, espléndidos. Pero el conjunto, a pesar de tratarse de un ímprobo trabajo editorial, me ha parecido fuera del tiempo, aguado.


