Algunos de los principales grupos de medios de Estados Unidos han cambiado de manos, o van a hacerlo, en los últimos tiempos. Venerables cabeceras afrontan su futuro… como poco, con inquietud. A la histeria del “sálvese quien pueda” que asalta el mundo de la prensa escrita por aquellos lares se une, en su caso, la incertidumbre de quienes han caido en manos de empresarios sin experiencia en este campo que lo mismo consiguen salvar el negocio, lo mismo lo hunden.
El caso de Tribune Company y su nuevo baranda, el empresario Sam Zell, es un buen ejemplo. Zell se ha hecho con el control de periódicos de la importancia de Chicago Tribune o Los Ángeles Times, y allá que se ha lanzado a recortar gastos, reducir páginas, refabricar las fórmulas editoriales, rediseñar las páginas…
Rediseñar páginas…
En los últimos años, el frenesí evolutivo de la prensa americana ha dejado un amplio abanico de nuevos diseños. La tendencia general es el colorín, el espectáculo, el despliegue tipográfico y el “hagamos las cosas más arrevistadas”. La teoría es que lo moderno y lo dinámico son conceptos equivalentes, y puede que eso sea verdad, pero el caso es que no tengo muy claro que la cosa, a estos periódicos, les funcione.
Ejemplo práctico: acaba de presentarse con mucha fanfarria el nuevo Orlando Sentinel, el primer periódico de Tribune rediseñado en la “era Zell”. Lo dicho: páginas dicharacheras, llenas de movimiento. Repletitas de ornamentos, siluetas, banderas, columnas falsas, fanfarria tipográfica y color. Aquí, unos ejemplos:


No me convencen lo más mínimo. Y no porque el trabajo de diseño no haya sido cuidado hasta el extremo. El problema es más de formato: el lenguaje de diseño “arrevistado” funciona en formatos pequeños, pero se diluye en los enormes y alargados newspapers americanos. Lo que en un tamaño reducido es riqueza de enfoques se convierte, cuando se agranda, en indefinición y caos.
Estas páginas son, vistas en pantalla, aparentes, pero porque se perciben como una unidad completa en la que los elementos del diseño se complementan, se explican, se compensan. Me imagino a un comprador intentanto leer este periódico tras doblarlo por tres sitios para hacerlo manejable, y la fragmentación se me antoja incomprensible.
Vaya, que me parece que es difícil adaptar el lenguaje gráfico de las revistas a semejante entorno.
Otro detalle: me da la sensación de que los periódicos tienen en muy baja estima el cociente intelectual de sus lectores, que –se supone– huyen de la prensa porque la perciben como algo antiguo, árido, difícil. Códigos ante los que, hace poco, nadie necesitaba una explicación reciben ahora un tratamiento casi adaptado a escolares. En las páginas de opinión del Sentinel, por ejemplo, los conceptos “Editorial”, “Cartas” o “Columnas” se traducen ahora por los cándidos “Lo que pensamos”, “Lo que tu piensas”, “Lo que ellos piensan”.

[Una crítica demoledora al rediseño en Brass Task Desig]
[Y un bonito reportaje que compara a Rupert Murdoch con Sam Zell, en la revista Portfolio. Vía Periodistas 21]