
Grupo Zeta (la-empresa-que-me-da-de-comer) ha sido vendido. A Alfonso Gallardo, conocido como “el empresario extremeño”. La cosa está ya firmadita, se han establecidos los porcentajes (Asensio se queda con un 20%), y se ha decidido quién va a estar al mando: Ramón Blanco, un señor que ha pasado por Repsol (fin de mis datos).
Como a todo lo que tiene que ver con el proceso de venta de Zeta, siempre lleno de rumores infundados e incertidumbre, a este post habría que añadir un “o eso dicen”.










PedroB | 23-May-08 a las 11:03 am | Permalink
Coño, por fin. Ayer justo me decía un amigo que trabaja en un banco de inversión que Mediapro lo iba a comprar y yo le decía que creía que era Gallardo, pero como dices, con Zeta nunca se sabe.
Oye, ¿cómo te sientes habiendo sido vendido?
atrilero | 23-May-08 a las 12:09 pm | Permalink
Querido compañero, a ver si por fin entra alguien con un poquito de ilusion,porque llevamos unos años dejados de la mano de dios,
saludos desde, Gráficas de Prensa Diaria
Diego | 23-May-08 a las 2:22 pm | Permalink
A ver si es verdad… Que en los últimos meses (años) Zeta hubiera podido hacer un digno papel en cualquier película de zombis.
Quinta Tinta | 26-May-08 a las 11:20 am | Permalink
[…] Esto cada día es más divertido frustrante. La semana pasada la venta de Zeta (que-me-da-de-comer) se daba por hecha. Este domingo, Juan Carlos Rodríguez Ibarra presumía ufano de los extremeños, a la conquista del mundo. Hoy, la dirección del Grupo le desmiente, niega firmas y cualquier hecho consumado en un comunicado que, entre otras cosas, dice que la venta es “un proceso complejo –que ya está en su fase final– y en el que han participado numerosos grupos empresariales, algunos de los cuales aún mantienen sus ofertas sobre la mesa”. Total, que este “proceso” anda basculando entre parecerse a la novela de Kafka y, cada vez más, a un capítulo de ‘Enredo’. La verdad: en esta selva de rumores nunca sabes qué está pasando en realidad. Estoy hartito de suspense, y de anunciar ventas que no lo han sido, así que prometo no volver a hablar sobre el asunto hasta que no haya una decisión oficial, hecha, firmada. Y que sea para bien. […]