Baja frecuencia
Mar 07 2008

Bloguear (¿”bloggear”? ¿bitacorear”?) es divertido: aprendes, conoces gente interesante, te abre un mundo de posibilidades, y desahoga la verborrea y el ego.

Pero también tiene su parte esclava: exige dedicación y esfuerzo. Tiempo.

Yo, últimamente, no tengo demasiado tiempo. Se me solapan cierres sucesivos en las revistas-que-me-dan-de-comer. Me llegan muchos marrones y encargos amistosos (y trabajosos) a los que no me sé negar. He empezado una nueva vida docente de esas que ilusionan mucho y dan todavía más trabajo que ilusión. Y, por si fuera poco, se me acumulan lavadoras por planchar.

Cuando no puedo escribir aquí con prontitud y frecuencia me asalta el cargo de conciencia, como si incumplir con esta obligación autoimpuesta y pecar fueran cosa parecida. En las pasadas semanas he cumplido poco. Y no sé si podré cumplir debidamente en las semanas que vendrán. Sobra decir que me siento bastante pecador.

En fin: esa cosa tan de asunto personal que tiene el bloguerío me ha llevado a escribir este post que lo mismo me inculpa que pretende exculparme. Por eso lo he escrito: para pedir disculpas, por la baja frecuencia de posteo, al respetable.