Ufff. Yo es la primera vez que voy a un Congreso de Diseño Gráfico, que es a la profesión como una Convención de Trekkies, o como el estreno en un megacine de cualquier secuela de La Guerra de las Galaxias: la reunión de montón de personas perfectamente cuerdas unidas por una fascinación común. En nuestro caso, la tinta, el papel, el píxel, el diseño de la información.

Y la experiencia no ha estado nada mal. Ya hay por ahí quien se está encargando de resumir lo que ha dado de sí este congreso en lo profesional y lo humano; no es que tenga muchas ganas de redundar demasiado. Pero como soy un tipo disciplinado, me he (y me han) marcado como obligación poner en claro, en un textito mono, mis conclusiones; redactar un “para qué ha servido todo esto”. A ello me voy a poner. Y aquí lo pondré.

Entre todo lo que se dijo, y por lo que me afecta a la hora de diseñar y rediseñar revistas, me quedo con una cita de Sonia Matos, directora de Arte de Público (Lisboa):

“Los periodistas son personas que se dedican a documentar un mundo que cambia, pero a las que les cuesta adaptarse a los cambios”

[Más en Cuatrotipos: Apuntes desde Barcelona ÑH04, Apuntes desde Barcelona (II): Desde abajo del estrado.
Y en Lolacomomola: La velocidad de los cambios]

Ah, un apunte antes del fin: os recomiendo, diseñadores del mundo, que acudáis a estos eventos de vez en cuando. Incluso aunque corráis el riesgo de sentiros como un advenedizo revistero en un mundo de aguerridos diseñadores de diarios (un riesgo tonto, por otro lado). Dos días compartiendo horas de conferencia, comida y conversación con gente entusiasta y capaz, apasionada por el diseño gráfico, son un lujo imprescindible de vez en cuando.

Como soy un mirandés pudoroso, no haré aquí una lista de todos los genios magníficos que he conocido en Barcelona. Pero les doy públicamente las gracias.