Para los que sólo se acercan las revistas generales a través del quiosco, un mundo de portadas que no respondan al esquema de “foto de personaje” y “muchos titulares a ambos lados de la foto, y con muchos colorines” puede ser un mundo desconocido. La obsesión de vender un producto a transeuntes/compradores ocasionales que deciden su compra de un vistazo nos obliga a los que diseñamos las tapas de las revistas a recurrir a fórmulas facilonas, en su mayor parte, y a esquemas con un nivel de riesgo limitadísimo. El principio odioso de “tienes tres segundos para convencer”.

Nada de juegos portadiles complicados, titulares que requieran una segunda lectura, imágenes de un nivel metafórico complejo. Ejemplo fácil de comprobar, incluso de memoria: las revistas femeninas y masculinas en España –del Elle al Man (que-me-da-de-comer), de Woman al FHM o el GQ– responden casi siempre a este esquema.

Cuando trabajaba en Hachette Filipacchi pude echar ojo a una presentación (preparada por algún jefazo para alguna conferencia) en la que se decía que, en portada, siempre era mejor un personaje joven que uno viejo; conocido que desconocido; atractivo que feo; y, sobre todo, mucho mejor una mujer que un varón. Y a esa fórmula nos atenemos casi todos.

Así, el pavor al quiosco (y la pereza, y la aversión a una mínima dosis de riesgo) uniformiza las portadas y, sospecho, las convierte en un páramo desprovisto de emociones. Bueno, los suplementos de los periódicos y las revistas de empresa podrían arriesgarse más, claro. Podrían dar rienda suelta al ingenio de sus redacciones. Tampoco es frecuente, y del sopor portadil escapan honrosas (y multipremiadas) excepciones como la del suplemento Metrópoli de El Mundo.

Claro está que hay otros modelos a seguir, y hubo otros tiempos más predispuestos a la brillantez. Ya está circulando por algunos blogs la web de la edición americana de la revista Esquire, cuyo museo virtual de portadas es simplemente impresionante. Yo he elegido cuatro de mis favoritas (podrían haber sido cien, casi todas son perfectas). Aquí van…