Dec 28 2006
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Ya está saliendo, oiga, el nuevo número de la revista MAN (que-me-da-de-comer). Aquí, unas cuantas maquetas que me producen un poco de orgullo. Que soy un diseñador sobrio, pero elegantoso…
Definitivamente, la web de este señor, un tal Tyler Lee, es el paraiso soñado: una recopilación de portadas de revista. Con su archivo y todo… Im-pres-cin-di-ble.
Hace unos días la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas (versión Española) elegía nueva Presidenta. Y ayer, la Academia (versión Estadounidense) hacía público el cartel oficial de los Oscar de 2007. El tema: frases de cine. El resultado, de lejos, resulta algo soso, gráficamente hablando. ¿O debería decir “elegante y sobrio”? El caso es que, visto en detalle, es todo un estupendo catálogo de tipografías. No sé, a mí me gusta. Y a los cinéfagos les encantará.
Por cierto, que se puede comprar aquí.
Ah, qué gran revista. Texas Monthly lleva años como la referencia periodística del más-chulo-que-un-ocho estado norteamericano del mismo nombre. La primera vez que oí hablar de esta cabecera fue hace mucho, vía alguna revistucha de diseño, en un artículo dedicado a su director de arte, por aquel entonces, D.J. Stout.
Hace poco me trajeron un ejemplar, directito de un quiosco del aeropuerto de Austin, o algo parecido. No sé, es curiosa una revista que dedica su reportaje principal a los mejores tacos del Estado, o sendas bonitas piezas a si es repugnante o no comer carne de caballo o a una colección de repujadísimas espuelas. 370 páginas de revista que va de lo local a lo general, del acendrado tipismo del salvaje oeste americano a la alta política de Washington… Ah, de propina, una selección de portadas de los últimos años. ¡Magníficas! Sobre todo, la de “Texas vs. The World”. [El director de arte se llama T.J. Tucker.]
No es una gran novedad: el WSJ se hará pequeño al poco de empezar el 2007. ¿Pequeño? No, perdón, se hará estrechito. Como todos los periódicos en Estados Unidos, que parecen haber adoptado como buena la marciana teoría de que los periódicos larguiruchos son más cómodos.
Grandes cabeceras como San Jose Mercury News o Los Angeles Times hace tiempo que se sometieron a curas de adelgazamiento, y The New York Times lo hará en breve. En fin, vale, es menos papel, es más rentable. Pero… ¿es más cómodo? En los United, (como en todas partes, para qué nos vamos a engañar) están de los nervios porque cada vez se vende menos papel, y andan como locos buscando lectores debajo de las piedras. No sé, la teoría de los WSJ boys de dedicar más espacio a las noticias de mañana en detrimento de las noticias de ayer está muy bien. No lo discuto, que en cosas de contenidos me meto poco. Pero en cuestión de diseño, de ergonomía, de comodidad… En fin. La están pifiando todos. ¡Pásense directamente al formato tabloide, que es más mono, y más cómodo!
Mario García, que lleva años pontificando sobre “El impacto de lo compacto”, también lleva años encargándose de la puesta al día del WSJ. Dudo que les convenza. Bueno, quiero decir: todas las ediciones internacionales del diario ya son “compactas”. Dudo que les convenza de hacer lo mismo en casita. Al menos han quitado el horrible wsj.com de debajo de la cabecera de las ediciones internacionales…
Link: Carta del editor del WSJ, explicándolo todo
Link: Mario Garcia y sus cosas
The New Yorker es una revista que, graficamente, está en esa tierra extraña, excepcional, situada entre la naftalina y lo decicidamente genial. Para los que no la conozcan: es semanal, más de 80 años, un prestigio editorial inigualable, mucho texto descarnado y excelente, pocas fotos, un pelotón de dibujitos y chistes gráficos. La portada, tradición y elegancia mandan, carece de titulares, aunque últimente han solventado el trámite con una solapita llena de letras. Y esa portada, aquí viene el tema, siempre, siempre, tiene una ilustración enorme y preciosa. Saul Steinberg, un señor rumano que se murió en 1989, creó 89 portadas para la revista, y un montón de ilustraciones y chistes para el interior. En el imprescindible The Complete Cartoons of The New Yorker era uno de los principales alicientes. Y en Steinberg at The New Yorker es el protagonista absoluto. Absolutamente recomendable. Aquí va mi portada preferida, y la que muchos dicen que es la más famosa: una visión de Nueva York, y el mundo, a los ojos de un auténtico newyorker…
Qué frustrante es que un cliente elija, de entre tus propuestas, la que menos te gusta. A mí me pasa casi siempre. En fin. Hace unos meses, unos amigos me encargaron un cartel teatral para la obra “La duquesa de Malfi”. Una tragedia barroca y terrible. Pergeñé varias propuestas, y ninguna coló. Al final, los propios miembros de la compañía Teatro Defondo me dieron la idea definitiva, la manzana claveteada, que pasó a la final… Juzguen ustedes. Ah, yo dibujo fatal; pero me mola.
Para los que sólo se acercan las revistas generales a través del quiosco, un mundo de portadas que no respondan al esquema de “foto de personaje” y “muchos titulares a ambos lados de la foto, y con muchos colorines” puede ser un mundo desconocido. La obsesión de vender un producto a transeuntes/compradores ocasionales que deciden su compra de un vistazo nos obliga a los que diseñamos las tapas de las revistas a recurrir a fórmulas facilonas, en su mayor parte, y a esquemas con un nivel de riesgo limitadísimo. El principio odioso de “tienes tres segundos para convencer”.
Nada de juegos portadiles complicados, titulares que requieran una segunda lectura, imágenes de un nivel metafórico complejo. Ejemplo fácil de comprobar, incluso de memoria: las revistas femeninas y masculinas en España –del Elle al Man (que-me-da-de-comer), de Woman al FHM o el GQ– responden casi siempre a este esquema.
Cuando trabajaba en Hachette Filipacchi pude echar ojo a una presentación (preparada por algún jefazo para alguna conferencia) en la que se decía que, en portada, siempre era mejor un personaje joven que uno viejo; conocido que desconocido; atractivo que feo; y, sobre todo, mucho mejor una mujer que un varón. Y a esa fórmula nos atenemos casi todos.
Así, el pavor al quiosco (y la pereza, y la aversión a una mínima dosis de riesgo) uniformiza las portadas y, sospecho, las convierte en un páramo desprovisto de emociones. Bueno, los suplementos de los periódicos y las revistas de empresa podrían arriesgarse más, claro. Podrían dar rienda suelta al ingenio de sus redacciones. Tampoco es frecuente, y del sopor portadil escapan honrosas (y multipremiadas) excepciones como la del suplemento Metrópoli de El Mundo.
Claro está que hay otros modelos a seguir, y hubo otros tiempos más predispuestos a la brillantez. Ya está circulando por algunos blogs la web de la edición americana de la revista Esquire, cuyo museo virtual de portadas es simplemente impresionante. Yo he elegido cuatro de mis favoritas (podrían haber sido cien, casi todas son perfectas). Aquí van…